Mi nombre es Cristina Fernández, antes de comenzar a reconocerme en mis Competencias Relacionales y partir de mi conocimiento previo, mis experiencias y mis sentimientos respecto al colectivo que hemos decidido adentrarnos, he de decir que pretendemos aprender junto a ellos, desde sus perspectivas y sus sentimientos, desde sus experiencias y vivencias, desde sus puntos de vista y sus realidades, para poder ampliar nuestra mirada, y ver aquello que no estábamos preparadas para ver.
Primeramente, he de decir que quisimos
aprender de personas que tienen Trastorno Espectro Autista, pero decidimos centrarnos más en Asperger, ya que durante nuestra trayectoria en la facultad
es un tema que hemos estudiado desde el inicio en varias asignaturas, como
pueden ser Trastornos del Desarrollo, Diversidad Funcional, Educación Inclusiva,
etc. Pero, desde mi propia experiencia, siempre me he centrado en ver solo el
5% de los casos más graves, y no expandir mi mirada reduciéndola a ver solo lo que creía que era Autismo o Asperger.
Considero a las personas con Autismo y
Asperger, al igual que el resto de personas que habitan en una sociedad, "enigmas
constantes". Con ello pretendo decir, que por mucho que creamos saber sobre un
tema o en este caso sobre un colectivo, no debemos olvidar que ignoramos mucho
más. Siempre podemos profundizar y descubrir nuevas ideas y conocimientos, aprendiendo
de otras personas y lógicamente cuando hablo de personas también hablo de las
personas con Autismo, pues, aunque parezca obvio muchas veces, nosotros mismos
pensamos que no podremos aprender de ellos, cuando en realidad podemos aprender
muchísimo. (Este era mi pensamiento, mi mirada reducida)
He de reconocer que hasta que no realicé
las prácticas este año, no he tenido ocasión de poder interaccionar comunicativamente
con un niño o niña que le acompañase el Autismo y yo fuese consciente de ese detalle,
pues a lo mejor si he hablado con alguna persona que tuviese esas
características y yo no lo sabía. De
esta experiencia he podido aprender lo equivocada que estaba respecto a ellos,
he vivido engañada, quizás porque no investigué por mi cuenta o quizás porque
no he tenido oportunidad de aprender junto a ellos, pero esa es la realidad de
la que parto. Reflexionando sobre mi experiencia pude apreciar todo lo que me enseñó este pequeño y ese pensamiento
que tenía desapareció, derribé varios de mis prejuicios y me enriquecí gracias
a él.
Yo misma tenía el pensamiento de: “nunca he visto a un niño autista”, pero
me cuestioné “¿Por qué sabes que nunca
has visto o incluso hablado con una persona que tuviese Autismo o Asperger?”,
es decir un persona que necesite una silla de ruedas para poder desplazarse, ya
nos muestra que la silla de ruedas son como sus “piernas” para poder ver el
mundo (aunque como Ángel nos ha mostrado muchas veces las barreras arquitectónicas
acotan el espacio por donde pueden desplazarse), pero una persona con Autismo o
Asperger leve, no es tan sencillo de “ver o reconocer”, por eso muchas veces
pasan desapercibidos o “invisibles” para las demás personas.
Cuando asistía a psiquiatría, mientras me
encontraba en la sala de espera había muchos niños/as y adultos/as, que
presentaban unas conductas que no había visto nunca en la calle, en centros
comerciales o en mi día a día. En cierto modo, para mí fue impactante verlos a
todos/as juntos allí, para mí era nuevo y me quedé observando cómo se
comportaban, cómo hablaban, qué reacciones tenían, por qué algunos chichaban, o
preguntándome por qué no les veía nunca… pero en ese momento no me planteé que
muchas veces las miradas hacen daño, sobre todo a las personas que les
acompañan.
Además, muchas veces tenía “miedo” a
encontrarme con alguna persona que tuviese estereotipias o hiciesen ruidos que
yo no estaba acostumbrada a ver en mi contexto real.
Una vez recapacité, sobre ello me di cuenta
que yo misma, muchas veces realizo movimientos que no controlo o no me doy
cuenta de ello, como por ejemplo cuando estoy nerviosa y no paro de mover las
manos, los pies e incluso con objetos que tenga cerca, para inconscientemente
relajarme. Pude ver que ese “miedo” desapareció, porque entendí que
muchas veces esos movimientos aparecían debido a diversos factores, que
si observábamos podríamos comprender y entender cuál era su significado: si es nerviosismo, si es felicidad, si es enfado… Pero, no llegue a este pensamiento
hasta que llegó a mi vida Adrián, un niño de 8 años con autismo leve, que era
tan inteligente, adorable y risueño que marcó un antes y un después en mí.
Pienso que muy importante obtener información,
conocimientos y experiencias en primera persona sobre estos temas, para cambiar
y derribar; prejuicios; estereotipos; creencias; actitudes o sentimientos que
habitan en mí. Para poder ampliar mi mirada hacia este u otro colectivo, es
crucial poder aprender junto a ellos en la realidad. Podemos tener pensamientos
y creencias sobre ellos, pero solo sabremos cómo actuaremos en el momento que
lo hagamos. Poco a poco iré mejorando mis competencias relacionales y no solo
con este colectivo, sino que ese aprendizaje será transversal.
Considero que para llegar a ser buena
comunicadora he de practicar y mejorar mucho, y aun así el día que pueda
considerarme como tal, sabré que aún me queda mucho por recorrer y aprender.

No hay comentarios:
Publicar un comentario