¿Qué
conocimientos tenemos sobre el Síndrome de Asperger y que creencias están
implantadas en nuestras mentes sobre las personas diagnosticadas con éste
Síndrome?; ¿Qué sentimos y qué nivel de empatía tenemos hacia ellas?; ¿Cómo nos
comportamos, actuamos y que habilidades somos capaces de desarrollar con estas
personas?
Cuando comenzamos este
proceso de análisis y aprendizajes sobre nuestras competencias relacionales, de
manera individual expresábamos casi todas las componentes del grupo, que
creíamos ser personas muy inclusivas. Cuando decimos inclusivas, es porque pensábamos
que nuestros conocimientos, creencias, sentimientos, habilidades y actitudes
estaban a la altura de las circunstancias; creíamos ser las mejores personas
del mundo, todo conocimiento, capaces de escuchar, comprender, actuar y
empatizar con la diversidad de colectivos existentes en nuestra sociedad, incluidos
por supuesto, los grupos minoritarios de personas que presentan alguna
discapacidad o pertenecientes a diferentes culturas, razas, etnias, etc., pero durante este proceso, hemos podido
ver que todas presentábamos alguna
carencia que nos hacía estar equivocadas, bien en conocimientos, en creencias, en
actitudes, etc.
En nuestro proceso de
aprendizaje, hemos trabajado en espacios de relación de manera circular, es
decir, interaccionando con el colectivo que nos ocupa, desde el reconocimiento
y el respeto. Creemos, muy importante entender que las diferencias forman parte
de nuestras vidas, y que el hecho de ser todos diferentes nos enriquece; para
ello, hemos ampliado nuestros conocimientos, analizado nuestras creencias en
relación a esos conocimientos nuevos adquiridos, hemos revisado nuestros
sentimientos, miedos, prejuicios y como actuamos, para así poder adaptar nuestra
conducta, de manera que favorezca una comunicación apropiada y efectiva.
Todas creíamos que
nuestro punto de partida era el adecuado, en cuanto a conocimientos, creencias,
habilidades, actitudes, emociones, etc., pero, tras este proceso de
reconocimiento y adquisición de nuevos conocimientos, hemos visto que no era
así. Muchos de estos conocimientos y creencias que pretendíamos nuestros, nos han
sido impuestos de forma indirecta, por otras personas o por la sociedad en la
que vivimos, de manera consciente o inconsciente, haciéndonos fijar la mirada
en nosotras y no en los otros; por ello, ahora sabemos que es necesario
formarnos para adquirir mayores conocimientos sobre las personas y colectivos
con las que nos relacionamos.
En cuanto a nuestras
emociones y sentimientos, después de reconocernos, sabemos que debemos mirar a
los demás desde el respeto, sin juzgar a las otras personas y siendo sensibles
a las necesidades del otro, sin sentir miedo a interaccionar con ellos y
desarrollando nuestra capacidad empática hacia todos los colectivos de la
sociedad.
Por supuesto, hemos
analizado nuestros comportamientos y actitudes. En nuestras vidas, en contextos
muy diversos, aflora en muchas ocasiones una disonancia cognitiva, es decir,
una lucha entre lo que queremos hacer y lo que hacemos; ahora sabemos que ambas debemos trabajarlas
con nosotras mismas, pues son algo que llevamos puesto y que tenemos dentro de
cada una de nosotras, no se adquieren. Tenemos
que trabajar para conseguir adaptarnos a los diferentes contextos y
situaciones, de manera positiva, para poder responder de manera apropiada y
efectiva, desarrollando habilidades adecuadas a cada situación.
A lo largo de este
proceso de aprendizaje, nos hemos revisado en una espiral de acción-reflexión-acción;
es decir, primero hemos empezado a
conocernos a nosotras mismas y a saber quiénes somos, dejando nuestros miedos a
un lado; después hemos reflexionado sobre todo ello y seguidamente hemos
intentado actuar de manera consecuente y positiva ante lo reflexionado.
Hemos
aprendido que podemos tener unos pensamientos o creencias sobre cualquier colectivo que afloran en el momento de encontrarnos cara a cara, en igualdad; esos pensamientos y creencias nos condicionan consciente o inconscientemente en el momento que decidamos actuar, es por ello, que no sabremos cuál será nuestra conducta hasta que nos encontremos en dicha situación. Toda esta
formación e información que hemos obtenido interaccionando con ellos, nos ha
hecho cambiar muchos de nuestros pensamientos y creencias, así como derribar
prejuicios y estereotipos que habitaban en nosotras; pero para aprender lo que
hemos aprendido, para conocer la verdadera realidad, para abrir nuestras
mentes, ha sido crucial la relación directa con
personas con Síndrome de Asperger, sus familias y asociaciones, a los que damos
las gracias por abrirnos sus puertas para poder entrar y formar parte de ellos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario