¿QUIÉN
SOY O QUIÉN CREO QUE SOY? ¿CÓMO ACTÚO O CÓMO CREO QUE ACTUARÍA RESPECTO AL
COLECTIVO DEL ESPECTRO AUTISTA?
Antes
de comenzar con el fundamento en sí que requiere nuestro trabajo práctico, creo
necesario reconocerme a mí misma respecto a este colectivo, el cual ha elegido
mi propio grupo. ¿Cómo soy, qué pienso, cómo actúo, o cómo creo que me
comportaría con personas con autismo o asperger?
En primer lugar me gustaría destacar por qué considero que entre todas mis compañeras del grupo hemos llegado a la conclusión de elegir esta temática para abordar nuestro trabajo. Creo que, a la hora de ponernos de acuerdo, y entre los temas que se daban a elegir, nos llamaban la atención algunos de ellos, pero sabíamos que ya iban a ser elegidos por otros grupos de clase. Por lo tanto, optamos por la idea de elegir otro tema que no estuviese en la lista, llegando a la conclusión de que haríamos nuestro trabajo sobre el espectro autista abarcando autismo y asperger. Cogimos este tema por el simple hecho de que se trata del colectivo del cual tenemos más información y con el cual hemos podido convivir en los colegios con más frecuencia.
Por consiguiente, como vengo comentando en todas las prácticas ya realizadas y las que nos quedan por conocer (Parálisis Cerebral, LGTB, Síndrome de Down y Gitanos), lo primero a tener en cuenta sería el tipo de relación que haya podido tener con personas con esta necesidad educativa especial (autismo o asperger). En este caso, a pesar de ser uno de los trastornos que más se mencionan en el transcurso de los cuatro años de carrera, debo comentar que, en los diversos períodos de prácticas, he tenido muy escasas oportunidades de convivir con alumnado del espectro autista; solo tuve la ocasión de conocer a un alumno de 1º de Primaria en el Practicum 3.1., con el cual no tuve la suerte de mantener contacto diariamente, solo ocasionalmente, cuando la situación lo requería y la profesora necesitaba de ayuda externa.
Por otro lado, es cierto que conozco, aunque no lo vea a menudo, a un muchacho de 26 años con autismo, con el cual tengo una relación muy buena, y con el que he comprobado que tener autismo no es un problema, sino una cualidad más de la persona. Se trata de un hombre que puede comunicarse eficazmente con todas las personas que lo rodean, una persona abierta a la sociedad y sobre todo, educada en valores como el respeto, aspecto que resulta muy importante para este colectivo.
Como ocurre con esta persona, es muy importante que, además de los especialistas en el centro o los docentes de clase, este alumno debe ser educado en casa, como todos sus compañeros. Pero cuando digo esto, me refiero a que estos alumnos con autismo requieren de una atención especial por parte de la familia, la cual se encarga de una gran evolución del alumno que, junto con el centro, fomenten el desarrollo y la autonomía de estas personas.
Una vez comentado esto, y desde mi escasa experiencia, es cierto que me considero una persona muy inclusiva, una persona que considera que todas las situaciones, en clase, son posibles, sobre todo, si las cogemos con ímpetu y con entusiasmo. Para ello, es más que necesaria la vocación por parte del profesorado, el cual debe luchar con que esto llegue a ser posible. Por ello, me considero una persona a la que le gusta hacer hincapié en las cualidades positivas que tenemos todas las personas, valorando como positivas todas aquellas diferencias que podamos notar entre los demás. Así considero que las diferencias forman parte de nuestra propia vida y que, ante todo, debemos agradecer a la vida el hecho de no habernos hecho a todos iguales, sino diferentes. Pero para que todo esto no llegue a condicionarnos, tenemos que comenzar por cambiar nuestra propia mirada, nuestro interior.
Nunca sabemos cuánto podemos aprender de un compañero que, resulta ser que tiene autismo. Tampoco sabemos lo bien que nos puede hacer tener amigos con distinto color de piel, ojos, culturas, etc. Sin más, juzgar a una persona por cómo es o por las cosas que puede llegar a hacer, no define quién es esa persona, sino quién eres tú.
En primer lugar me gustaría destacar por qué considero que entre todas mis compañeras del grupo hemos llegado a la conclusión de elegir esta temática para abordar nuestro trabajo. Creo que, a la hora de ponernos de acuerdo, y entre los temas que se daban a elegir, nos llamaban la atención algunos de ellos, pero sabíamos que ya iban a ser elegidos por otros grupos de clase. Por lo tanto, optamos por la idea de elegir otro tema que no estuviese en la lista, llegando a la conclusión de que haríamos nuestro trabajo sobre el espectro autista abarcando autismo y asperger. Cogimos este tema por el simple hecho de que se trata del colectivo del cual tenemos más información y con el cual hemos podido convivir en los colegios con más frecuencia.
Por consiguiente, como vengo comentando en todas las prácticas ya realizadas y las que nos quedan por conocer (Parálisis Cerebral, LGTB, Síndrome de Down y Gitanos), lo primero a tener en cuenta sería el tipo de relación que haya podido tener con personas con esta necesidad educativa especial (autismo o asperger). En este caso, a pesar de ser uno de los trastornos que más se mencionan en el transcurso de los cuatro años de carrera, debo comentar que, en los diversos períodos de prácticas, he tenido muy escasas oportunidades de convivir con alumnado del espectro autista; solo tuve la ocasión de conocer a un alumno de 1º de Primaria en el Practicum 3.1., con el cual no tuve la suerte de mantener contacto diariamente, solo ocasionalmente, cuando la situación lo requería y la profesora necesitaba de ayuda externa.
Por otro lado, es cierto que conozco, aunque no lo vea a menudo, a un muchacho de 26 años con autismo, con el cual tengo una relación muy buena, y con el que he comprobado que tener autismo no es un problema, sino una cualidad más de la persona. Se trata de un hombre que puede comunicarse eficazmente con todas las personas que lo rodean, una persona abierta a la sociedad y sobre todo, educada en valores como el respeto, aspecto que resulta muy importante para este colectivo.
Como ocurre con esta persona, es muy importante que, además de los especialistas en el centro o los docentes de clase, este alumno debe ser educado en casa, como todos sus compañeros. Pero cuando digo esto, me refiero a que estos alumnos con autismo requieren de una atención especial por parte de la familia, la cual se encarga de una gran evolución del alumno que, junto con el centro, fomenten el desarrollo y la autonomía de estas personas.
Una vez comentado esto, y desde mi escasa experiencia, es cierto que me considero una persona muy inclusiva, una persona que considera que todas las situaciones, en clase, son posibles, sobre todo, si las cogemos con ímpetu y con entusiasmo. Para ello, es más que necesaria la vocación por parte del profesorado, el cual debe luchar con que esto llegue a ser posible. Por ello, me considero una persona a la que le gusta hacer hincapié en las cualidades positivas que tenemos todas las personas, valorando como positivas todas aquellas diferencias que podamos notar entre los demás. Así considero que las diferencias forman parte de nuestra propia vida y que, ante todo, debemos agradecer a la vida el hecho de no habernos hecho a todos iguales, sino diferentes. Pero para que todo esto no llegue a condicionarnos, tenemos que comenzar por cambiar nuestra propia mirada, nuestro interior.
Nunca sabemos cuánto podemos aprender de un compañero que, resulta ser que tiene autismo. Tampoco sabemos lo bien que nos puede hacer tener amigos con distinto color de piel, ojos, culturas, etc. Sin más, juzgar a una persona por cómo es o por las cosas que puede llegar a hacer, no define quién es esa persona, sino quién eres tú.
ARANTXA LLAMAS POSTIGO

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