martes, 19 de abril de 2016

MIS COMPETENCIAS RELACIONALES: SÍNDROME DE ASPERGER

Siempre me ha parecido fascinante poder ayudar a personas con dificultades; lo habitual era que fuese la defensora, la que escuchaba a los demás, la que intentaba facilitar las cosas o la que colaboraba en la búsqueda de soluciones. Con el paso del tiempo, reconozco que no eran quizás soluciones muy brillantes, ni ideas geniales, pero sí que me reconozco la importancia que tenía escuchar o simplemente estar con esas personas, aunque no supiese realmente ayudarlas en sus verdaderos problemas, mis sentimientos eran de satisfacción por el desempeño realizado. Esta idea mía de ayuda, se fue consolidando conforme crecía. Mi idea de ser profesora de Educación Especial me rondaba siempre la cabeza, y sinceramente, nunca había estado al lado de niños con discapacidades o dificultades, pero ahí estaban esos deseos. Por suerte he podido realizar ese sueño, al menos iniciar el camino, aprendiendo cosas para poder intervenir con ellos. Reconozco que aún me queda mucho por aprender, tanto a nivel de conocimiento y habilidades. En cuanto a la actitud, valores y emociones, creo que me reconozco con ganas, fuerza y valentía para afrontarlo y algo que considero muy importante, empatizar con estas personas y sus dificultades.

Actualmente puedo hablar de mi falta de conocimientos para poder abordar muchas situaciones que puedan presentarse y atenderlas con la debida profesionalidad; puedo también hablar de cómo he actuado con niños con dificultades y alguna discapacidad, y me siento bastante satisfecha de la forma en la que he reaccionado ante ello.  El miedo era enorme, puesto que piensas que eres capaz y vas a poder, pero cuando te enfrentas a la realidad, ves la multitud de carencias que tienes y la importancia de no estar bien formado para poder hacer más. Debemos escuchar, comprender, conocer y saber de la persona o personas, con las que vamos a interaccionar.  Por ello es tan importante una buena formación docente. La formación y el crecimiento individual-personal están íntimamente ligados a la formación y crecimiento profesional. El conocimiento se puede adquirir formándonos, se adquiere; pero las emociones y las actitudes debemos trabajarlas con nosotros mismos, pues las llevamos puestas. Las emociones son subjetivas y se crea una lucha entre lo que quieres hacer y lo que haces, esto es, disonancia cognitiva.

En cuanto a las emociones, nos intentan enseñar que debemos ser inclusivos, que debemos tratar a todos por igual y con equidad, respetando y atendiendo las dificultades de todos en la medida de sus necesidades y capacidades. La teoría es muy bonita, pero cuando te enfrentas en el aula a ello, te hundes en un abismo. Ves como sin querer, discriminas, eres racista y tiendes a ir a lo fácil, sale al exterior lo que verdaderamente sientes, la máscara social que todos nos ponemos para ser considerados por la sociedad como buenos ciudadanos, cae a tierra.  He de reconocer que el esfuerzo que hay que hacer es muy grande, para poder ser equitativo y justo, con todos los niños y niñas del aula, al igual que con sus familias, compañeros, en definitiva con toda la comunidad educativa. Es importante conocernos para poder llegar a dar a cada uno lo que necesita, sin prejuicios y sin falsas expectativas. En tu interior se desarrolla una lucha entre conocimientos, emociones, valores y actitudes. Todo ello va interrelacionado, cada cosa de forma individual no nos sirve para llegar a ser inclusivos, ni para poder ayudar en esta ardua labor.

En mi teoría no entraba el concepto de racismo, segregación  ni discriminación. Pero cuando llegas al aula y estas con estos niños, ves que el planteamiento se te viene abajo. Descubres que si eres racista, que sí discriminas, marcas expectativas a algunos alumnos y segregas de manera inconsciente; y en ese momento te planteas: ¿qué me está pasando?; ¿porqué actúo de esta manera?; ¿cómo lo hago?; ¿cómo hacer que todos los niños sean atendidos por igual, cuando hay algunos que necesitan mucho más? Todo esto entra en batalla con lo que tú quieres hacer, que es todo lo contrario. Quieres que exista una verdadera inclusión, quieres como docente que todos tengan igualdad de derecho y las mismas oportunidades, y te das cuenta que necesitas innovar, cambiar tus actitudes, es decir, necesitas revisar tus creencias en una espiral de acción-reflexión-acción.

Para este trabajo me he reconocido a mí mismas, he visto mis logros y mis carencias, he realizado mi propuesta personal para cambiar actitudes y enfrentarme de una manera real a la situación, desarrollando habilidades, conocimiento y poniendo mis sentimientos y emociones a disposición de ello y actuando de la mejor manera posible, siempre en crecimiento positivo para llegar a alcanzar la meta de la inclusión, aunque esa meta, siempre seguirá subiendo y será inalcanzable. Siempre habrá mucho más que podamos hacer.



Mª José Nogueras Ruíz

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