Siempre me
ha parecido fascinante poder ayudar a personas con dificultades; lo habitual
era que fuese la defensora, la que escuchaba a los demás, la que intentaba
facilitar las cosas o la que colaboraba en la búsqueda de soluciones. Con
el paso del tiempo, reconozco que no eran quizás soluciones muy brillantes, ni
ideas geniales, pero sí que me reconozco la importancia que tenía escuchar o
simplemente estar con esas personas, aunque no supiese realmente ayudarlas en
sus verdaderos problemas, mis sentimientos eran de satisfacción por el
desempeño realizado. Esta idea mía de ayuda, se fue consolidando conforme
crecía. Mi idea de ser profesora de Educación Especial me rondaba siempre la
cabeza, y sinceramente, nunca había estado al lado de niños con discapacidades
o dificultades, pero ahí estaban esos deseos. Por suerte he podido
realizar ese sueño, al menos iniciar el camino, aprendiendo cosas para poder
intervenir con ellos. Reconozco que aún me queda mucho por aprender, tanto a
nivel de conocimiento y habilidades. En cuanto a la actitud, valores y
emociones, creo que me reconozco con ganas, fuerza y valentía para afrontarlo y
algo que considero muy importante, empatizar con estas personas y sus
dificultades.
Actualmente
puedo hablar de mi falta de conocimientos para poder abordar muchas situaciones
que puedan presentarse y atenderlas con la debida profesionalidad; puedo
también hablar de cómo he actuado con niños con dificultades y alguna
discapacidad, y me siento bastante satisfecha de la forma en la que he
reaccionado ante ello. El miedo era enorme, puesto que piensas que eres
capaz y vas a poder, pero cuando te enfrentas a la realidad, ves la multitud de
carencias que tienes y la importancia de no estar bien formado para poder hacer
más. Debemos escuchar, comprender, conocer y saber de la persona o
personas, con las que vamos a interaccionar. Por ello es tan importante
una buena formación docente. La formación y el crecimiento individual-personal
están íntimamente ligados a la formación y crecimiento profesional. El
conocimiento se puede adquirir formándonos, se adquiere; pero las emociones y
las actitudes debemos trabajarlas con nosotros mismos, pues las llevamos
puestas. Las emociones son subjetivas y se crea una lucha entre lo que quieres
hacer y lo que haces, esto es, disonancia cognitiva.
En cuanto a
las emociones, nos intentan enseñar que debemos ser inclusivos, que debemos
tratar a todos por igual y con equidad, respetando y atendiendo las
dificultades de todos en la medida de sus necesidades y capacidades. La teoría
es muy bonita, pero cuando te enfrentas en el aula a ello, te hundes en un
abismo. Ves como sin querer, discriminas, eres racista y tiendes a ir a lo
fácil, sale al exterior lo que verdaderamente sientes, la máscara social que
todos nos ponemos para ser considerados por la sociedad como buenos ciudadanos,
cae a tierra. He de reconocer que el esfuerzo que hay que hacer es muy
grande, para poder ser equitativo y justo, con todos los niños y niñas del
aula, al igual que con sus familias, compañeros, en definitiva con toda la
comunidad educativa. Es importante conocernos para poder llegar a dar a
cada uno lo que necesita, sin prejuicios y sin falsas expectativas. En tu
interior se desarrolla una lucha entre conocimientos, emociones, valores y
actitudes. Todo ello va interrelacionado, cada cosa de forma individual
no nos sirve para llegar a ser inclusivos, ni para poder ayudar en esta ardua
labor.
En mi teoría
no entraba el concepto de racismo, segregación ni discriminación. Pero
cuando llegas al aula y estas con estos niños, ves que el planteamiento se te viene abajo. Descubres que si eres racista, que sí discriminas, marcas
expectativas a algunos alumnos y segregas de manera inconsciente; y en ese
momento te planteas: ¿qué me está pasando?; ¿porqué actúo de esta manera?;
¿cómo lo hago?; ¿cómo hacer que todos los niños sean atendidos por igual,
cuando hay algunos que necesitan mucho más? Todo esto entra en batalla con
lo que tú quieres hacer, que es todo lo contrario. Quieres que exista una
verdadera inclusión, quieres como docente que todos tengan igualdad de derecho
y las mismas oportunidades, y te das cuenta que necesitas innovar, cambiar tus
actitudes, es decir, necesitas revisar tus creencias en una espiral de acción-reflexión-acción.
Para este
trabajo me he reconocido a mí mismas, he visto mis logros y mis carencias, he
realizado mi propuesta personal para cambiar actitudes y enfrentarme de una
manera real a la situación, desarrollando habilidades, conocimiento y poniendo
mis sentimientos y emociones a disposición de ello y actuando de la mejor
manera posible, siempre en crecimiento positivo para llegar a alcanzar la meta
de la inclusión, aunque esa meta, siempre seguirá subiendo y será inalcanzable.
Siempre habrá mucho más que podamos hacer.

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